Los países en desarrollo se enfrentan a una crisis de la deuda catastrófica en los próximos meses, ya que la rápida inflación, la ralentización del crecimiento, la subida de los tipos de interés y el fortalecimiento del dólar se unen en una tormenta perfecta que podría desencadenar una oleada de impagos complicados e infligir dolor económico a las personas más vulnerables del mundo.
Los países pobres deben, según algunos cálculos, unos 200,000 millones de dólares a las naciones ricas, los bancos multilaterales de desarrollo y los acreedores privados.
El aumento de los tipos de interés ha incrementado el valor del dólar, dificultando el reembolso de los préstamos a los prestatarios extranjeros con deuda en moneda estadounidense.